Laia inició su camino en 2019 a través del yoga — no como una práctica más, sino como una herramienta de vida. Cuanto más profundizaba, más claridad y conexión encontraba en sí misma. Se formó como profesora y comenzó a guiar sus propias clases.
Fue en ese contexto donde surgió una revelación: sus alumnas valoraban especialmente los ajustes con las manos durante la relajación profunda. Ese contacto consciente, preciso y presente era lo que más les llegaba.
A partir de ahí nació su interés por el masaje Thai, iniciando un camino de exploración en el tacto consciente.
Para Laia, el tacto y la meditación no son herramientas separadas, sino expresiones de una misma presencia. Su enfoque se basa en la escucha profunda: observar, sentir y adaptarse a cada persona.
Cada sesión es única y se construye según lo que el cuerpo necesita en ese momento, tanto a nivel físico como emocional. Su intención es facilitar una liberación profunda y una reconexión con uno mismo.
Su trabajo está dirigido a quienes buscan algo más que un masaje — una experiencia de presencia, conexión y liberación real.